En un atardecer vestido de lujuria, la aurora del alba con vigor encenderemos y de voladas espumas verdes un cielo lleno crearé. Comeremos brazos de sol, lucirá la sabia impulsa que recorre tu piel.
Encenderemos un atardecer vestido de lujuria con rojas sábanas y puentes de cálidos suspiros.
Tendremos la llave de los tiempos en un recreo de placeres y miradas. Seremos luz en el fraterno sol.
Esa luz de ciudad tan amable a tu carne.
También oscura, amarga de rayos quebrados,
tan áridos como alegres.
Recuérdame, alma fresca, amante presa
que renueve mis votos cada mañana.
Votos de pasión tierna como los caracoles
de los caminos lujosos.
Aquellos que los ojos de los hijos
verán cubrir de verde sol el manto ilusionado
de una luz más humana.
Sé donde Él mira y habla de nosotros:
donde la sierpe del camino no mandado
asesina las esquinas salvajes
rotas en sombras que sobran.





















































